Los retos de la digitalización para el mundo de la logística

El aumento del consumo a través de internet ha obligado a las empresas a ampliar su capacidad de entrega. ¿Hasta qué punto es sostenible este fenómeno?

Hace unas semanas compré ropa por internet de una marca que pertenece a un gran grupo comercial. Me encontré recogiendo el paquete en una pequeña tienda de llaves; era una de las opciones como punto de recogida.

Trabajando en el área de la logística, me fue inevitable reflexionar en el escenario en el que me encontré: apenas se veían llaves. Solo pedidos esperando a que sus destinatarios los recogieran. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué se haría del negocio original? Mi apuesta es que, si aún no lo ha hecho, el cerrajero dejará de estar activo y solo utilizará su espacio como punto de entrega y devolución de pedidos. En el espacio de coworking donde trabajo, la situación es idéntica. Los porteros han compartido conmigo que gran parte de su día se dedica a recibir pedidos, porque la gente no tiene otra alternativa que enviarlos allí.

Se sabe que el crecimiento del e-commerce y del q-commerce precede a la pandemia, pero actualmente es prácticamente impensable no hacer compras online a un ritmo diario. Desde los primeros meses de 2020, esta es la nueva realidad; el aumento sustancial de este tipo de consumo ha obligado a las empresas a ampliar su capacidad de logística y entrega. ¿Cómo de sostenible será esto?

Con los minoristas luchando por el precio más bajo, alguien está perdiendo dinero. Los márgenes de beneficio de las empresas de distribución de última milla son de las más afectadas: esta rama de negocio se está convirtiendo en una comodidad. Hay startups en el sector apunto de morir porque el actual modelo de negocio no es sostenible, la penetración en el mercado prácticamente exige un sacrificio en la facturación. ¿Quién quiere pagar un precio justo por sus portes? ¿Es factible la tributación de entregas de última milla dentro de los grandes centros urbanos?

Sin embargo, la sostenibilidad no se limita solo a la facturación: con un mayor volumen de entregas, especialmente dentro de las ciudades, es ineludible considerar la cuestión de la concienciación pública en términos ecológicos. Compramos nuevas marcas con procesos de fabricación y producción sostenibles, pero cuyo transporte sigue siendo altamente contaminante.

¿Cómo podemos contrarrestar esto? En mi opinión, la solución más radical y eficaz, aunque abarque un elevado coste inicial, será la inversión en flotas de vehículos eléctricos para este fin; algo que, por supuesto, tendría que ir acompañado de un precio adecuado para las empresas de distribución de última milla. Hablando de eficacia, de acuerdo con un estudio reciente del Boston Consulting Group, que evaluó el comportamiento de los consumidores de las generaciones Z y milenial –ambas nativas en digital– para concluir que el 64% de ellos esperan que las marcas interactúen con ellos en tiempo real.

Aquí, la última tecnología puede ser de gran ayuda. Si las empresas tienen las plataformas digitales adecuadas a su estructura, para dar respuesta también en este campo, se pueden evitar casos de entregas fallidas o desvíos porque no estamos en casa, situaciones que inherentemente originarán mayores emisiones de CO2. Ya existen soluciones con algoritmos cada vez mejores para optimización de rutas e interacción en vivo con conductores para contrarrestar estos casos.

Finalmente, para corregir el trayecto que parece estar en el horizonte para el sector, también son necesarias decisiones a nivel de planificación urbana. ¿Existen las infraestructuras urbanas necesarias para soportar el mayor tráfico diario que se deriva de esta situación? Después de todo, las ciudades también necesitan moldearse a medida que crece la actividad. No es factible adoptar una posición sobre la movilidad y la planificación urbana sin conocer el contexto del transporte y la logística, especialmente cuando implican a grandes empresas que realizan entregas dentro de la ciudad. En este caso específico, la pequeña tienda que mencioné inicialmente puede ser el comienzo de una respuesta: aumentar en la ciudad el número de negocios que coexisten con estos puntos de entrega y recogida de pedidos. Como dice la expresión, “se matan dos pájaros de un tiro”: es una ruta sostenible y rentable para todas las partes.

El sustento de la logística y distribución está, resumidamente, dependiente de varias vertientes: del tecnológico al político. Las innovaciones y una mayor eficiencia tecnológica deben reflejarse en los márgenes de beneficio; los minoristas, por su parte, deben tener en cuenta el brazo de transporte y de última milla de su operación, cruciales para su propio éxito. Incluso el cambio de mentalidad es esencial: nuestro confort, nuestra facilidad de acceso a todo tipo de comercio, tiene que ser pagado. Es la única manera de no levantarnos del sofá para comprar las zapatillas que queremos o la sartén que necesitamos.

Mario Martínez-Jurado es CEO de Vonzu

Fuente: Cinco Dias

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