Solo el 10% de los comercios han instalado las puertas automáticas del plan energético por coste y falta de tiempo

Desde este viernes, comercios, bares, zonas de ocio, estaciones, cines o teatros -todos los locales climatizados con acceso desde la calle- dicen adiós a las puertas abiertas. O deberían. Así lo dicta el decreto de ahorro energético del Gobierno que entra este viernes en vigor, pero la Confederación Española de Comercio estima que tan solo un 10% de los establecimientos han podido adaptarse para cumplir con la norma por la que se establece la obligatoriedad de contar con un sistema que las mantenga cerradas para conservar la temperatura interior y evitar el despilfarro de energía.

A pocos días para que entrase en vigor, un breve paseo por diferentes arterias comerciales de las principales ciudades mostraba cómo algunos negocios, especialmente grandes almacenes, cadenas y supermercados, ya cumplían con la ley, aunque en algunos casos el frenético ir y venir de clientes a determinadas horas puntas impedían que estuvieran cerradas. Otros comercios más pequeños o antiguos, en cambio, mantenían todavía sistemas manuales o directamente no tenían puertas, tan solo un cierre metálico de seguridad que echan al final de la jornada.

“A los límites de temperatura todo el mundo se ha adaptado sin problema. Otra cosa diferente son las puertas”, cuenta el presidente del Centro Comercial Abierto de Cádiz (CCA), José Amaya, a RTVE.es. Este empresario gaditano considera que todo lo que implique un ahorro es bienvenido, pero señala que adaptarse a esta medida anunciada «tan de sopetón» en un par de meses puede ser un reto.

“Va a ser un poco más lento por el coste. No todo el mundo puede poner el importe [de la reforma] encima de la mesa, tal y como están las cosas”, dice en referencia al aumento de la inflación y a los precios récord de la luz y el gas, que están poniendo en aprietos a las pymes.

Un cambio que puede alcanzar los 4.700 euros
Según las tarifas de varias empresas del sector consultadas, el presupuesto para cambiar el sistema de puertas puede rondar entre los 1.500 y los 4.700 euros, en función de la solución que se escoja, las características del local o el tamaño de la puerta.

El decreto señala que puede emplearse tan solo “un sencillo brazo de cierre automático”, la opción más económica y rápida. Sin embargo, no todos los negocios pueden elegir esto por cuestiones de servicio o por las propias barreras arquitectónicas, y acaban optando por las hojas deslizantes, lo que implican una mayor inversión. «Para nosotros es complicado salir y entrar con bandejas a la terraza», explican varios camareros de un pequeño bar madrileño de Canillas.

Para quienes no cumplan con la ley, el coste podría ser aún mayor. El decreto establece multas de hasta 60.000 euros por infracciones leves, aunque podrán ascender a seis millones de euros si son graves y hasta 100 millones de euros en el caso de ser muy graves. «Yo creo que el Gobierno será sensato en ese sentido y que tendrá la mano más tendida», augura Amaya. La patronal del comercio ha pedido una moratoria de al menos tres meses.

Ante esta situación, algunas comunidades autónomas han anunciado ya ayudas económicas para financiar parte de la instalación de puertas automáticas. Castilla y León financiará el 100% de la instalación de puertas automáticas, mientras que la Junta de Extremadura pagará el 50% de la inversión. También el Ayuntamiento de Barcelona, que ha destinado dos millones de euros para ofrecer subvenciones de hasta 2.000 euros para la adecuación de las entradas de los locales.

Mucha demanda y poco tiempo: «Las licencias de obra también tardan»
No obstante, el presupuesto no lo es todo. Al dinero se ha sumado también un aumento de la demanda de instalaciones justo en el periodo vacacional por excelencia, el mes de agosto. “El principal problema es que no hay suficientes industriales en tan poco tiempo”, lamenta el vicepresidente de Barcelona Comerç, Pròsper Puig, quien pide más margen de maniobra: «¿Por qué no poner de plazo finales de enero?».

Puig, que tiene una carnicería, cuenta a RTVE.es que en Barcelona muchos comercios de proximidad no tienen puertas y en muchos casos se han enterado del decreto estando de vacaciones. Esto ha hecho que los propietarios se hayan encontrado no solo con materiales limitados, sino también con la burocracia. “Las licencias de obra también tardan”, recuerda.

“El decreto se dio a conocer en agosto en época de vacaciones y no es hasta este mes de septiembre que la gente ha comenzado a informarse sobre cuál es la mejor solución para su negocio”, confirman desde Manusa, una de las compañías instaladoras con la que ha podido hablar RTVE.es. En su caso, han afrontado el aumento de pedidos por contar con fabricantes propios. Otras fábricas vinculadas al sector, en cambio, tenían paralizada su actividad por descanso cuando fue anunciado el plan de ahorro, lo que ha llevado a tener un poco de retraso en los pedidos.

Dudas y contradicciones tras dos años de pandemia
Igor es un empresario de Dos Hermanas que regenta, junto a sus socios, un bar de copas que por el momento parece no tener que cumplir con los requisitos del decreto, ya que tienen acceso a través de una terraza privada y no directamente a la calle, si bien dice tener dudas y «no fiarse».

Al igual que otros hosteleros con los que ha hablado este medio, Igor cuenta que solían tener la puerta abierta para ayudar a atraer a la clientela o para ventilar, a menos que haga mucho calor en la época de verano, en la que «cuidamos que no esté abierta para mantener el frío».

«Nosotros ya teníamos puertas automáticas desde antes, pero las dejábamos abiertas para airear», cuenta también una camarera de una céntrica cafetería madrileña que ha preferido no dar su nombre. Y es que tras más de dos años de pandemia en los que se ha defendido la ventilación como una de las estrategias contra el virus, el nuevo decreto ha venido a pedir justo lo contrario. “Evitar que se vaya el aire acondicionado, ventilar por la COVID, puertas abiertas, puertas cerradas… Es todo una contradicción. No sabemos cómo actuar, de verdad”, lamenta Amaya.
Con él coincide Puig, que teme que haya más cambios y las medidas caduquen antes de lo previsto, como ya pasó con la ley antitabaco: «Los bares gastaron mucho dinero en adecuar los locales para los fumadores y en seis meses no sirvió porque se volvió a modificar la ley».

¿Compensará las facturas?: los expertos apuntan a una rentabilidad a largo plazo
Aunque la medida del Gobierno busca poder disminuir la dependencia energética europea del gas ruso, algunos ciudadanos esperan que también ayude a hacer frente a las facturas a final de mes. Sin embargo, ninguno de los entrevistados se muestra convencido. «Lógicamente, se va a ahorrar porque todo lo que sea tomar medidas influye», pero «día a día todo sube y sube, y al final no vemos la compensación», responde el presidente de Centro Comercial Abierto de Cádiz.

“Todo lo que se compra eléctrico en nuestros negocios intentamos que sea de bajo consumo, pero este año se ha triplicado la factura de la luz aun así”, corrobora Igor, que está intentando que estos gastos no se vea reflejado en los precios para mantener contentos a los clientes.

Algunos expertos consideran que la rentabilidad de las puertas de cierre automático no serán visibles a corto plazo. “Es un sobrecoste que los pequeños comercios, por mucho ahorro energético que consigan, no van a poder amortizar en poco tiempo”, contaba hace poco en el Telediario el consultor de Ecotech Clima Solution y ACTECIR, Raúl Pérez Llovet.

Desde la Asociación de Empresas de Eficiencia Energética (A3E), por su parte, consideran que la medida “puede y debe tener un impacto positivo” en los gastos energéticos de los establecimientos comerciales. “Cuanto más extremas sean las temperaturas donde se ubiquen estos establecimientos, mayor impacto, evidentemente”, explican a RTVE.es, aunque no creen que vaya a ser algo “determinante” para todos. “Habrá casos en los que la medida apenas se note y suponga más un gasto que una inversión”.

A pesar de todo, recuerdan que hay que valorar como positivo el «efecto llamada» a la concienciación que puede generar la medida. “Al final la colocación de estos sistemas persigue no desperdiciar energía o aprovecharla mejor y esas cosas son percibidas por los clientes y van calando poco a poco en la ciudadanía”, argumentan los expertos de A3E.

Fuente: Radio Televisión Española

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