Quién liderará el consumo consciente

Dentro del ciclo de conferencias y debates organizado por el Observatorio Social de Fundación “la Caixa” bajo el título “¿Es posible el consumo consciente?”, dirigido por el doctor en psicología del consumo Albert Vinyals, se ha analizado nuestro rol como consumidores en la sociedad actual.

El consumo consciente pasa por descubrir nuestro poder como consumidores y nuestra capacidad de transformación de la sociedad de consumo en un entorno más sostenible frente a los constantes estímulos que recibimos: productos low cost, modas efímeras, la posibilidad de comprar cualquier cosa en cualquier momento, etc.

Para debatir sobre quién liderará el consumo consciente y el papel de la administración, de las empresas y de la ciudadanía consumidora se ha contado con representantes de cada uno de los sectores: Rosario Arcas, divulgadora y jefa de formación de la Agencia Catalana de Consumo; Alberto Garzón, economista y exministro de consumo y Fernando Navalón, coordinador de la red española de supermercados cooperativos.

La charla parte de la idea de que debemos redefinir qué producimos, como lo distribuimos y cómo lo consumimos manteniéndonos dentro de los límites del planeta, atendiendo a las leyes físicas de la naturaleza. Lo contrario es insostenible y ya sabemos hacia donde nos conduce.

Y este cambio requiere del compromiso y las sinergias entre las tres partes: administración, consumidores y empresas.

La voluntad de la administración en esta materia, más allá de defender los legítimos derechos de los consumidores, pasa por mostrar la complejidad del fenómeno del consumo y, en ese sentido, desvelar a la ciudadanía que detrás de un acto cotidiano como el que se produce al ir a comprar, hay una serie de realidades económicas, sociales y medioambientales asociadas a todo producto.

Detrás de cada acto de compra, de cada decisión de consumo, hay una cadena de acontecimientos que le preceden que sería bueno poder visibilizar para poder entender cómo funciona el sistema y así poder empoderar a los consumidores para facilitar una toma de decisiones más corresponsable y la adquisición de patrones de consumo más sostenibles.

La administración, además despertar el interés por informarse y facilitar el acceso a esa información, para que el consumo consciente no sea un acto heroico que requiera mucho tiempo, también es consciente del sobreesfuerzo económico que esto puede suponer para las familias, por lo que existen otras vías, a través de la fiscalidad, por ejemplo, que son facilitadoras y ayudan a hacer el consumo sostenible más accesible a todos.

Por lo tanto, sin caer en discursos o roles moralizantes que culpabilicen al consumidor por sus malas decisiones o hábitos, se deben facilitar las transiciones desde un modelo económico que sobrepasa los límites del planeta hacia otro que se mantenga dentro de estos límites. Es un proceso muy complejo en el que la administración debe ser valiente para establecer objetivos ambiciosos e incentivos coherentes, para que la transición sea justa.

En el debate se señala a la educación como una importante vía para iniciar el cambio, para tomar consciencia de las consecuencias de los actos de consumo. Pero teniendo claro que no debe descargarse sobre los consumidores todo el peso de los problemas climáticos, sociales, económicos y medioambientales. Como consumidores no podemos estar siempre implicados en todos los temas. No todos podemos ser activistas de todas las causas sin caer en las múltiples contradicciones que ello implica.

Para poder activar esa potente palanca de cambio que facilita la información sobre el impacto producido por los bienes que consumimos, para poder garantizar una compra consciente, es necesario exigir transparencia a los actores involucrados y simplificar la información ofrecida a los consumidores, conjugando sencillos indicadores nutricionales, ecológicos y sociales.

Y, para evitar la desmotivación, el agotamiento y la culpabilidad del consumidor, el consumo debería pasar a formar parte de la educación en valores, es decir, el conjunto de pautas morales y cívicas que desde el respeto a los demás, la inclusión, la solidaridad o la empatía ayudan a formar ciudadanos responsables: tu consumo te define y nos transforma.

Nuestro modelo de producción y consumo está en desequilibrio con el planeta. Y no hay duda de que va a equilibrarse, eso es inevitable. Lo que no sabemos es cómo sucederá. De nosotros depende, en buena medida, que se haga desde la justicia y la equidad, sin dejar a nadie atrás.

Por último, se apuntan entre los ponentes algunas iniciativas concretas para realizar un consumo más consciente.

En primer lugar, se incide sobre la necesidad de parar, pausar nuestros impulsos consumistas compulsivos y reflexionar antes de comprar, pero sin penalizarnos a nosotros mismos, huyendo de la culpabilidad.

En otro orden de cosas, se apunta al cambio de dieta y a la reducción del consumo de carne como una acción sencilla y con un contrastado impacto directo muy notable.

Pero también se propone apostar por empresas que operan bajo principios de equidad social, justicia ambiental, etc. por ejemplo, contratando la luz a una cooperativa energética o los servicios de telecomunicaciones a una cooperativa de telefonía; o comprar ropa de segunda mano, o comprar menos, pasar de la cantidad a la calidad o contribuir a desescalar el nivel de actividad económica asociado a acciones altamente consumidoras de materiales y energía, aplicando los principios del decrecimiento.

 

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